Rostros latinoamericanos
Esta sección está dedicada a breves entrevistas con inmigrantes que han logrado la plena integración y se han destacado en su área profesional, académica o por su liderazgo dentro de la comunidad. Con ello no sólo reconocemos su esfuerzo, sino que tratamos de motivar a otros inmigrantes a seguir su camino hacia el éxito. Si conoce algún latinoamericano que cumpla con este perfil, no dude en escribirnos para entrevistarlo. Puede escribirnos a rostros@inmigrantelatino.es
Héctor Castillo: El primer alcalde latinoamericano de España
El Dr. Héctor Castillo, a sus 63 años, se siente orgulloso. Su sonrisa lo dice todo: es un coctel de simpatía netamente dominicana, combinada con un rebosante orgullo de haber dejado “bien alto el pabellón latinoamericano”, como a él le gusta decir. Y tiene varios motivos para ello.
Rolando Flores /inmigrantelatino.es
Héctor Julio Castillo Figueroa no sólo lleva más de 30 años ejerciendo exitosamente la profesión de Médico de Familia, sino que fue el primer alcalde de origen latinoamericano de toda la historia democrática de España.
Su nombre volvió a cobrar actualidad en enero pasado, cuando Barack Obama se convertía en el primer presidente negro de Estados Unidos. Los medios nacionales rebuscaron en la historia española y de Europa y encontraron que ese acontecimiento histórico ya se había dado a este lado del Atlántico tres decenios antes. Pero lo cierto es que no es necesario hacer comparaciones ni históricas, ni geográficas o políticas para entender el orgullo del Dr. Castillo. Sólo basta conocer algunos retazos de su vida.
Todo comenzó en 1965 cuando con apenas 19 años inició con mucho entusiasmo sus estudios de Medicina en la Universidad de Santo Domingo, República Dominicana. El entusiasmo no duró mucho, el 24 de abril de ese año estallaba la guerra civil y se veía obligado a dejar las aulas. Imposibilitado de seguir sus estudios decidió emigrar a España acompañado de otros tres jóvenes de 16 años.
La decisión era de peso, pero lo más complicado fue dar el salto final. El Dr. Castillo recuerda cómo él y sus compañeros debían arriesgar sus vidas y aprovechar las treguas en Santo Domingo para conseguir un sello y legalizar sus documentos de identidad y sus títulos académicos. Por eso, cuando al llegar a España y dejar abandonado en el taxi en el que viajaban el maletín con pasaportes, títulos y dinero, al joven dominicano le dio un ataque de histeria.

Su primer tropiezo
Sin embargo, ese primer revés, rápido se convirtió en un buen presagio, pues dos días después apareció el taxista con el maletín y todo su contenido intacto. “El hombre había abierto el maletín para buscar alguna dirección y vio la del apartamento que íbamos a alquilar y nos lo fue a entregar, sentimos que habíamos nacido de nuevo… fue un primer gesto que no tenía precio, porque lo que hubiera supuesto la pérdida de esos documentos hubiera sido un gran trastorno para todos nosotros, no sé qué habríamos hecho”, recuerda el Dr. Castillo, como si fuera ayer.
Ya con sus papeles en mano inició sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid, pero la masificación que había en ese entonces le hizo trasladarse a la Universidad Hispalense de Sevilla, decisión que agradece al asesoramiento del Instituto de Cultura Hispánica (actual Instituto de Cooperación Iberoamericana). El 6 de julio de 1973 terminó su licenciatura. Antes de ello ya había logrado ‘aclimatarse' a Sevilla y conocer a la que sería su esposa Loly Monje Cruz, nacida en Jerez de la Frontera y con quien tuvo tres hijos: Héctor Manuel, Sergio Alejandro y Dolores.
Sus dos primeros años de ejercicio profesional los dedicó a recorrer los pueblos de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva. Quizás por ello, pese a haberse licenciado en Medicina Familiar y Comunitaria, le gusta identificarse como un “médico de pu eblo”.
En esos dos años desarrolló una filosofía profesional que todavía defiende: “Nuestra misión es curar, si no podemos curar, aliviar; si no podemos aliviar, consolar; pero siempre tenemos la obligación de prevenir y para prevenir hay que educar y esa es una labor de día a día con la gente”.
Esa atención hacia la gente, el afecto y su forma tranquila hizo, según el Dr. Castillo, que muchos tuvieran cierta predilección por él a la hora de elegirlo como su médico, “la diferencia es que yo les escuchaba”, rememora.
La propuesta que cambió su vida
Ese trato afectuoso y cordial con sus pacientes le fue dotando de una popularidad inesperada, tanto como la visita que recibió a principios de 1979 de un representante de la Unión de Centro Democrática (UCD). Le pidieron ser candidato a la alcaldía de Isla Cristina, una ciudad costera de la provincia de Huelva, de 16 mil habitantes por aquel entonces. Recuerda que la sorpresa fue mayúscula pues ni siquiera había votado en toda su vida, su vocación era médica y no tenía ninguna ambición política.
“Lo tomé tan a pecho, lo asumí con tanta responsabilidad que cuando me lo ofrecieron, lo consulté con mi familia y lo vi como una puerta abierta para devolver ese afecto, esa simpatía de que yo había sido objeto los dos primeros años que llevaba en Isla Cristina”, explica. Allá por abril de 1979 era electo alcalde luego de superar a otros 12 candidatos.
Se escribía así una nueva página en la historia de España y de la República Dominicana. Un latinoamericano, un dominicano, un romanense regiría el destino político de la incipiente ciudad de Isla Cristina.
Aunque su sueño era mirar de la mar hacia adentro y explotar el potencial turístico de este pueblo pesquero, tuvo que gobernar en minoría y los concejales de la oposición impidieron desarrollar ese proyecto visionario. “El desarrollo es cuestión de tiempo, nadie lo puede detener”, afirma. El tiempo le dio la razón e Isla Cristina se convirtió en un referente turístico nacional.
No obstante, durante su legislatura pudo impulsar otros proyectos, entre los que destacan la creación de nuevas vías de acceso a la ciudad, el saneamiento y la urbanización de las barriadas más pobres, la construcción de varias zonas de esparcimiento como plazas, un polideportivo y un estadio de fútbol. También bajo su mandato, se construyeron nuevos colegios, se modernizó el matadero municipal y el servicio de limpieza pública.
Los reconocimientos
Su esfuerzo y compromiso desinteresado le valió el respetó de sus compañeros del Ayuntamiento. “Comprendieron que solo quería corresponder al pueblo de Isla Cristina y que ningún latino, --ya que yo me sentía como representante de los latinoamericanos de España y de Europa--, quedara mal ante un hecho histórico como ese”.
Lo comprendieron al punto que un concejal de la oposición propuso el hermanamiento de Isla Cristina con la ciudad natal del Dr. Castillo, La Romana. E incluso recomendó crear una plaza con el nombre de Héctor Castillo Figueroa, un honor que el alcalde declinó con humildad y pidió que en su lugar llevara el nombre de Plaza de la República Dominicana.
Luego vinieron propuestas para ser reelecto como alcalde o ejercer la política en sus país de origen. Pero su verdadera vocación eran la Medicina y su familia y volvió a dedicarles todo su tiempo. Todavía hoy, 30 años después de haber escrito un pedazo de la historia de España, el Dr. Castillo camina por las calles de Isla Cristina orgulloso de haber sido alcalde de esa ciudad, de ser dominicano, de ser español, pero sobre todo, de haber triunfado en su profesión como “médico de pueblo” al que todo mundo conoce como Don Héctor.
Sobre la Xenofobia
“Jamás, jamás me he sentido marginado ni por mi color, ni por mi origen, ni por mi credo religioso o político, jamás, y si alguien a lo mejor me ha mirado de esa manera, es porque probablemente tiene un problema de inferioridad. Y si en alguna ocasión he sentido que me están afectando mis derechos, lo he reclamado y si tenía la razón, me lo han reconocido, por lo tanto no me puedo sentir perjudicado ni marginado”, asegura el Dr. Héctor Castillo. |
Recomendaciones
“Indudablemente, al latino que desea venir por la escasez de recursos y la corrupción que encuentra en su país de origen, le recomendaría que estudie, que se forme, que supere esa esclavitud y esa falta de libertad, porque eso es lo que le abrirá el camino en su país, en el extranjero o donde sea… Porque el que está preparado y formado saldrá adelante”, afirma el Dr. Héctor Castillo. |
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